Los 10+1 debuts más importantes de la historia del rock

doors 1966Ahora que acabamos de abrir nuestro tinglado es quizá un momento apropiado para recordar los debuts de otra gente en sus respectivos campos. En el mundo de la música rock eso da bastante juego para rememorar los que han sido sus mejores debuts discográficos.

Obviamente la lista podría ser interminable, ya que no son pocos los grupos y artistas que empezaron fuerte dándose a conocer con un disco memorable o, directamente, el mejor de su carrera. Por ello he he procurado escoger discos que tengan además una importancia histórica innegable, lo cual me ha obligado a dejar fuera algunos debuts hacia los que siento cierta debilidad (por ejemplo el de Queen). También he decidido excluir discos anteriores a mediados de los 60, ya que hasta entonces el concepto de “álbum” aún no estaba del todo desarrollado, o al menos no cómo se entendería luego.

Por último, he creído que sería interesante limitarse a discos de músicos que no hubieran debutado antes en otra banda, cuya primera carta de presentación al mundo fuera esa obra. Quedan excluidos por ese motivo el Layla de Derek & The Dominos (la banda que formó Eric Clapton a principios de los 70), el homónimo de Crosby Stills & Nash o, por mucho que me duela, el de Led Zeppelin (Jimmy Page ya había participado en la última formación de los Yardbirds grabando el disco Little Games).

Aquí van sin más preámbulos:

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10) Roxy Music – Roxy Music (1972)

Los primeros Roxy Music eran una de las combinaciones más improbables que podría ofrecer una banda de rock de la época, incluso para los 70. Un grupo de glam-rock cuya lucha de egos interna basculaba entre su cantante guaperas (Brian Ferry) y un tipo disfrazado de algo así como un drag queen cósmico que se dedicaba a meter ruidos extraños con sintetizadores (Brian Eno). Esta tensión se reflejaba en el sonido de su magnífico debut: temas de rock pegadizas con algunos toques marcianos (el más evidente es “Virginia Plain”) conviviendo con otros más experimentales.

Esa mezcla de sonidos es lo que para mí hace que sea un disco tan único y especial. Por un lado cumplía los requisitos comerciales de la época y por el otro dejaba entrever la presencia de un músico inquieto como Brian Eno, que no tardaría en marchar para iniciar su carrera en solitario.

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9) Ramones – Ramones (1976)

Este es uno de esos discos que desde su inicio te deja bien claro de qué va la cosa. Lo primero que escucha uno al darle al Play al debut de los Ramones es un inconfundible riff de guitarra machacón y Joey Ramone vociferando el inconfundible “Hey Ho, Let’s Go!“. Es un álbum que va directo al grano: 14 canciones y ni una llega a los tres minutos de duración. Melodías directas y cañeras, sin complicaciones ni solos de guitarra, simplicidad ante todo. Antes de que a uno le dé tiempo a aburrirse de una canción, ésta ya se ha acabado.

Estos cuatro tipos con cara de malas pulgas optaban por devolver el rock a sus raíces, a algo sencillo, divertido y contundente. La revolución punk había estallado, y aunque en Reino Unido donde adquiriría más popularidad, fue esta mítica banda neyorkina la que dio el pistoletazo de salida.

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8) Pink Floyd – The Piper at the Gates of Dawn (1967)

Aunque todos conocemos a Pink Floyd por sus obras maestras de rock sinfónico de los 70, en su primer álbum estos muchachos exhibían un sonido que no tenía nada que ver con sus discos posteriores. Lo cual no quiere decir que sea malo, sino que casi podría decirse que los Pink Floyd de The Piper at the Gates of Dawn y los de The Dark Side of the Moon (1973) son dos bandas distintas aunque tres de sus cuatro miembros sean los mismos. El causante de esta diferenciación tan marcada es el cuarto: el cantante y guitarrista Syd Barrett.

Barrett es de esos personajes nacidos para convertirse en leyendas de culto, hasta el punto de que en ciertos ambientes queda muy auténtico decir que éste es el único disco de Pink Floyd que vale la pena. Líder absoluto de la banda en sus inicios, su participación se acabó limitando a este álbum y algunos temas sueltos. Luego fue expulsado por su peligrosa inestabilidad, fruto del exceso consumo de drogas y ciertos problemas mentales. Después editó un par de discos en solitario y desapareció literalmente. Para la posteridad queda The Piper at the Gates of Dawn, la gran obra maestra de la psicodelia británica que justifica por sí sola la fascinación que genera el nombre de Syd Barrett.

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7) Lynyrd Skynyrd – Pronounced ‘lĕh-‘nérd ‘skin-‘nérd (1973)

Aunque me ha costado horrores dejar fuera de esta lista otros debuts imprescindibles de rock sureño como el de los Allman Brothers y el de la Marshall Tucker Band, en ningún momento he tenido la más mínima duda de que éste es el que debería figurar, uno de los discos capitales del género por no decir directamente el disco.

No sé si el curioso título es una prueba de que se sentían tan seguros de sí mismos que no veían necesidad de ponerle a este artefacto un nombre más asequible, pero el caso es que Pronounced ‘lĕh-‘nérd ‘skin-‘nérd es un disco tan increíblemente bueno que ni ellos mismos fueron capaces de igualarlo. Ya en su primera obra hacían gala de ese irresistible sonido a medio camino entre el hard-rock y sus raíces sureñas, con el carismático Ronnie Van Zand a las voces, dos guitarristas infalibles y un montón de canciones con madera de clásicos. Aparte de temas tan directos e infalibles como “Gimme Three Steps” o “I Ain’t the One”, las composiciones que más destacan son sus tres emotivas baladas: “Tuesday’s Gone”, “Simple Man” y, por supuesto, el gran himno del rock sureño, “Free Bird”, cuyo orgásmico solo final de guitarras justifica por sí solo la existencia de este género.

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6) Black Sabbath – Black Sabbath (1970)

Ya que no he podido incluir a Led Zeppelin por las absurdas normas que yo mismo me he autoimpuesto, como mínimo no voy a dejar fuera a Black Sabbath. Si hablando de Ramones destacaba cómo ya los primeros segundos del álbum eran en sí mismos una muestra clara de por donde irían los tiros, el debut de Black Sabbath no se queda corto con ese tétrico inicio con una tormenta y truenos que da paso al oscurísimo tema homónimo. Uno puede entender sin problema la fascinación que supondría para un adolescente en su momento llegar a casa con un disco con una portada como ésta que además empezaba así nada más dejar caer la aguja sobre el vinilo.

La crítica les odió instantáneamente, pero el público flipó por completo con esta banda en la que destacaba un tal Ozzy Osbourne que realmente no sabía cantar demasiado pero tenía un timbre inconfundible y un guitarrista llamado Tony Iommi al que le faltaba medio dedo pero aún así consiguió sentar las bases de un sonido y un género.  Sus siguientes discos tirarían más hacia el heavy metal puro y duro, y precisamente por ello su debut tiene el encanto especial de que aún se notan las influencias blues de las que provenían (“The Wizard” o “Warning”).

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5) The Jimi Hendrix Experience – Are You Experienced? (1967)

Cuando a finales de los 60, un desconocido músico afroamericano llamado Jimi Hendrix irrumpió en la escena londinense muchos guitarristas de rock se deprimieron profundamente y se plantearon retirarse. No es que este tipo tocara mucho mejor que ellos, es que literalmente hacía cosas con la guitarra que no sabían que se podían llevar a cabo. Y lo mejor o peor es que encima lo hacía con toda naturalidad, como si la guitarra fuera una parte más de su cuerpo. Surgido de la nada, había llegado este marciano que revolucionó por completo la forma de entender la guitarra eléctrica.

Su primer disco, grabado en formato power trio junto a dos músicos que supieron estar a la altura del reto como Noel Redding (bajo) y Mitch Mitchell (batería), fue un éxito instantáneo. Es además la mejor obra para adentrarse en su corta discografía, aún cuando hay dos versiones: la inglesa y la americana. Pero no hay problema, sumando las canciones de ambas versiones e incluso las caras B no sale ni un solo tema flojo – además las ediciones en CD incluyen todas las que faltan como Bonus Tracks. Un disco imprescindible que bascula entre temas más hard-rockeros (“Purple Haze”“Fire”), otros más psicodélicos (“Third Stone from the Sun”“Are You Experienced”) y los obligados guiños a sus raíces blues (“Red House”).

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4) Television – Marquee Moon (1977)

Television son uno de los ejemplos más claros de grupos que han acabado asociados para siempre a un disco: decir Television es casi sinónimo de decir de Marquee Moon. Y ojo, no es extraño, puesto que la carrera de Television sólo se compone de tres álbums de los cuales su debut es claramente el mejor, pero siempre que puedo me gusta reivindicar su excelente segundo álbum, Adventure (1978). En todo caso volviendo al disco que nos ocupa, lo que más me interesa resaltar es que Marquee Moon es tan rematadamente bueno que ha conseguido cimentar por él solo la reputación de culto de Television. No se les puede culpar de que nunca llegaran a igualarlo, puesto que empezaron con un nivel increíblemente alto.

Aunque se les asocia con la escena punk neoyorkina, lo cierto es que Marquee Moon no es un disco de punk. Incluir una composición de diez minutos le descalifica automáticamente, y de todos modos musicalmente es demasiado perfecto para encuadrarlo en esa etiqueta. El juego de guitarras entre Tom Verlaine y Richard Lloyd (inspirado en un estilo más cercano al jazz) es una de las mejores cosas que he oído en mi vida, y me permito volver a citar el tema homónimo como ejemplo. Aunque no fueron especialmente exitosos, la influencia que tuvieron en su manera de tocar se nota claramente en docenas de grupos posteriores. Puede que la fama de Television se base prácticamente en este álbum pero, aunque sea un tópico demasiado gastado, es una obra que realmente vale por discografías enteras.

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3) The Doors – The Doors (1967)

Hay discos que son tan buenos que parecen un recopilatorio. Es lo que sucede con el debut de los Doors, que podrías ponerle a alguien que no lo conozca diciendo que es un Greatest Hits y colaría. Y de hecho no estoy exagerando, salvo dos o tres canciones, el resto son todo clásicos indiscutibles del grupo, uno detrás de otro.

No es difícil de imaginar el impacto que tuvo este artefacto en su momento: los omnipresentes teclados de Ray Manzarek, las increíbles interpretaciones vocales de Jim Morrison recitando sus textos con ínfulas poéticas, el infravaloradísimo Robby Krieger a la guitarra y una combinación irresistible de blues, psicodelica y pop-rock. Los Doors eran indudablemente el grupo más cool que podías echarte en la cara. Mantenían la esencia rock, eran sofisticados y tenían un sonido propio fascinante. En este mismo disco te soltaban trallazos de puro rock como “Break on Through”, rescataban clásicos del blues como “Back Door Man” e incluso un tema de Bertold Brecht y Kurt Veill (!!)  como “Alabama Song”, te sumergían en un viaje de ácido con “Light my Fire” y te hacían descender a los infiernos con la apocalíptica “The End”.

Sencillamente es uno de esos discos imprescindibles en toda colección.

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2) King Crimson – In The Court Of The Crimson King (1969)

Pocos discos hay que inicien y den forma tan claramente a un género. Por supuesto, siempre hay precedentes, basta con citar una canción o un disco como el primero de un género para que alguien te encuentre a un extraño artista underground que había hecho lo mismo dos años atrás. Pero aún concediendo eso, In The Court of the Crimson King es sin duda el disco que inició el rock progresivo. Y lo mejor no es solo eso, es que es un disco que suena a puro rock progresivo. Y ahí radica parte de su magia, que este álbum de impresionante portada (sin nombre ni título alguno) parece surgir majestuosamente de la nada, sin necesidad de presentaciones previas.

Uno de los grandes rasgos distintivos del disco es el uso del mellotron, un maravilloso instrumento que luego sería uno de los que mejor representaría el género y que le da ese sonido tan especial a composiciones magistrales como “Epitaph” o el tema homónimo. Curiosamente, la formación de este álbum se desmembraría por completo en el siguiente, y a la práctica el único tema que hace intuir a los King Crimson posteriores es el feroz “21st Century Schizoid Man”. Pero aunque su carrera posterior está repleta de obras imprescindibles yo creo que su debut tiene una magia que le hace un disco tan especial.

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1) The Velvet Underground – The Velvet Underground & Nico (1967)

En fin, sé que citar este disco es un lugar común, ya que es de esas obras que siempre deben mencionarse, te guste o no. Pero, rayos, si realmente es uno de los mejores álbums que he oído en mi vida, ¿por qué iba a dejar de hacerlo?

Por un lado, a nivel histórico su presencia es obligada en cualquier lista. Este es de los pocos discos en los que puedes utilizar adjetivos como “revolucionario”, “radical” o “adelantado a su tiempo” sin miedo a estar exagerando, con plena convicción. El tópico de álbum que no vendió nada en su época y luego se convirtió en una obra de culto nació para obras como ésta. La forma como Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker se cargaron concienzudamente algunas de las bases elementales del rock y definieron nuevos caminos sigue impresionándome cuando lo escucho en su contexto. Precisamente por eso creo que resulta difícil describir con propiedad su sonido, porque no hay nada que se le parezca.

Pero por otro lado, a nivel musical yo he sido siempre un defensor a ultranza de The Velvet Underground & Nico. Porque Lou Reed no se dedicó a sabotear el género sin más, sino que lo hizo con algunas de las mejores composiciones de su carrera, como “Venus in Furs”, “Heroin”“Sunday Morning” y prácticamente cualquier tema del álbum. Como regalo final tenemos el caos sónico de “European Son”, un atentado sonoro al oyente en toda regla.

Todo lo demás que ha contribuido a convertirlo en una obra de culto (el mecenazgo de Andy Warhol, sus conciertos con proyecciones y performances bizarras que provocaban la indignación del público, el plátano fálico de la portada, la intrusión no deseada de Nico, etc.) es desde luego muy interesante y merece ser recordado. Pero restringiéndonos solo a la música, sigue siendo una genialidad.

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+1) The Band – Music From Big Pink (1968)

Incluimos el debut de The Band como extra por el motivo de que los lectores más quisquillosos (no se lo tomen a mal, les queremos igualmente) me reprocharán que incluya este disco cuando la norma a seguir era que fueran debuts discográficos al 100%. Y en el caso de The Band, algunos de sus miembros ya habían grabado algunos temas del Blonde on Blonde con Bob Dylan, además de los Basement Tapes que salieron a la luz años después, por tanto esto no es lo primero que grababan siendo muy estrictos. Pero por otro lado en esas grabaciones eran la banda de acompañamiento de Dylan, así que Music from Big Pink es el debut auténtico, donde ellos solos cobran protagonismo, y por ello he decidido incluirlo.

Pese a que en apariencia puede parecer un disco modesto, el debut de The Band fue uno de los discos más decisivos de la época y causó una profunda impresión en la escena musical. Eric Clapton asegura que tras oír este disco se avergonzó de lo que hacía con Cream y quiso cambiar su rumbo musical. Roger Water, bajista de Pink Floyd, aseguraba que es uno de los discos que más marcó al grupo. Y los Byrds decidieron que el primer tema de su nuevo disco fuera una versión de Wheel’s on Fire”, una de las canciones más destacadas de este álbum.

¿Y qué hay tras Music from Big Pink para causar tanto revuelo? Curiosamente nada épico y rompedor. Es un disco de rock que se vuelca a las raíces del género, que huye de exhibiciones psicodélicas y densos solos de guitarra apostando por un sonido más puro y auténtico. En un contexto como el de finales de los 60, representaba un soplo de aire fresco. Aunque yo siempre he preferido mucho antes su siguiente disco homónimo, indudablemente Music from Big Pink es una de esas obras que marcan época. Y como muestra, la inmortal “The Weight”, una de esas canciones tan bellas y especiales que no hay adjetivos que le hagan justicia:

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2 comentarios en “Los 10+1 debuts más importantes de la historia del rock

  1. Interesante lista. Un pelín dinosáurica para mi gusto, pero coincido con varios de los dichos. En particular con “Are you experienced?”, al que pondría en una lista aparte, y el de los Doors. “Marquee moon”, en cambio, me resultó decepcionante, entregado de antemano como iba.
    A Lou Reed nunca lo he tragado, y me da pena porque eso me impide oir su música limpiamente…
    Saludos

    • Sí que es algo dinosáurica pero al menos a mí me es inevitable acabar recurriendo a estos clásicos.
      Sobre Lou Reed, si quieres darle una última oportunidad, el “Rock N Roll Animal” quizá te pueda gustar si no lo conoces, ya que es un directo que suena poco a él y en que queda sepultado por las guitarras de Steve Hunter y Dick Wagner.
      Un saludo y gracias por el comentario.

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