10+1 rituales funerarios

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Mañana se celebra en nuestro país el Día de Todos los Santos, tradición católica en honor, precisamente a todos los santos habidos y por haber. La peregrinación a los cementerios a visitar a nuestros seres queridos está más que asegurada. Sin embargo son muchas las religiones que realizan rituales y costumbres funerarias. Muchas de ellas no tienen que ver solo con la desaparición y despedida de un ser querido, sino también con la satisfacción de los familiares y la creencia de que el espíritu del fallecido permanezca para siempre entre su casta. Éstos rituales son bastante presentes en todo el mundo y a través de las épocas hemos podido conocer algunos de ellos.

Comerse las cenizas de un ser querido, beber agua con el cráneo de tu padre, acabar cortado en pedazos y devorado por los buitre en lo alto de una montaña. Éstos son algunos de los rituales que podréis descubrir si seguís leyendo el 10+1 rituales funerarios.

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10. Una capa de pintura al abuelo no le iría nada mal

Por todos es conocido que en Australia aún siguen existiendo tribus aborígenes. Éstos están considerados los primeros habitantes del país australiano y las islas que lo rodean. La colonización europea no pudo con ellos y siguen viviendo en el territorio. La cultura aborigen se desarrolló de manera autárquica, dando lugar a una gran variedad de lenguas y culturas con rasgos comunes.

Sus rituales siguen siendo de lo más curioso y extraño a la vez para las civilizaciones orientales. Uno de sus ritos más sagrados son los rituales a la muerte. Los aborígenes australianos cubren con ramas a los fiambres y recogen los líquidos producidos durante la descomposición para untar los cuerpos de los jóvenes de la tribu y transmitirles así las virtudes del difunto. Los huesos del traspasado son pintados y portados por la familia. No sabemos si este ritual es debido a las diferentes drogas, legales e ilegales, que se atribuye a los indígenas pero lo que sií sabemos es que es cierto.

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9. Los buitres te perseguirán hasta en la muerte

La religión zoroástrica considera a al cadáver humano como un elemento impuro por lo que está prohibido que éstos contaminen a los elementos clásicos de tierra y fuego. Por esta razón, el difunto es transportado a las torres del silencio, edificios funerarios ubicados, donde su carne será consumida por buitres.

Previamente el cadáver ha sido bañado en orina de toro antes incluso que sus familiares lo puedan velar. Sin embargo, en el velatorio no se debe obviar la visita del perro sagrado. Una vez finalizado el velatorio el cadáver es trasladado a la torre del silencio donde los carroñeros harán su trabajo. Todo este ritual debe desarrollarse sin poner una mano encima del difunto, ya que se cree que quien lo toca queda contaminado.

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8. Dejemos que la naturaleza haga su trabajo

Los tibetanos ya sea por necesidad o por creencia, no entierran ni incineran a sus seres queridos, a excepción de los menores de 18 años, mujeres embarazadas y muertos por alguna enfermedad infecciosa.

El resto de difuntos son cortados en pedazos y depositados en lo alto de una montaña para que los ángeles, aves de rapiña, que bailan en las nubes sean los encargados de perpetuar el ciclo de la vida. Los tibetanos creen en la reencarnación y es por ello que el cuerpo del fallecido es considerado como un contenedor vacío y sin ningún valor espiritual. Cabe destacar que este ritual estuvo prohibido durante un tiempo, pero resurgió en los años 80.

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7. Un muerto muy pero que muy limpio

Para las comunidades mayas, el Hanal Pixán, día de todos los santos, se celebra el 31 de octubre, día de los niños; el 1 de noviembre, día de los adultos y el 2 de noviembre que es el día de todos los santos. Sin embargo, esta celebración comienza varios días antes con los bordados de los manteles que se utilizan en las mesas; elaboración de jarrones de barro, velas de cera, etc. Las casas se acicalan como nunca.

Debido a la colonización son pocos los lugares en los que se conmemora el tradicional ritual de la muerte maya, Pomuch y Campeche aún lo celebran como antaño. Todos los años sacan los huesos de la tumba, los lavan y los cubren con los manteles previamente bordados para ser colocados en un osario del Día de los Muertos.

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6. La fiesta sorpresa que todo difunto desearía

La etnia merina, de origen asiático y desde hace un tiempo etnia de mayor influencia en Madagascar celebran un doble entierro. Cuando un ser querido traspasa, se le entierra en una ceremonia de duelo más bien triste muy parecido a los entierros orientales. El cuerpo es envuelto en sudarios y colocado en una tumba o cripta.

Hasta aquí nada extraño ni diferente de lo que conocemos como entierro. Sin embargo, cada 4-7 años, se celebra le exhumación o “famadihana”- literalmente “vuelta de los huesos”-. El famadihana es una celebración familiar importantísima cuyo carácter festivo va acompañado de una gran ingesta de alcohol, música y bailes. El cadáver es envuelto en telas y se baila con él. De ésta manera se les hace partícipe del festejo. Durante dicho jolgorio los presentes aprovechan la ocasión para hablar con el difunto y expresarle lo mucho que lo querían, odiaban, etc. Lo que no sabemos es la graduación del alcohol allí bebido, pero viendo los resultados todo hace indicar ¡que es de alta graduación!

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5. Como Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como

Los Toraja son una tribu indígena de la región montañosa de la isla Célebes Meridional, provincia de la República de Indonesia. Aunque la mayoría de sus habitantes son cristianos, debido a la colonización holandesa aún existen en la recóndita región de Tana Toroja una etnia que mantiene las creencias locales en esta parte de Asia.

Conocida la creencia como “Aluk To Dolo”, el camino de los ancestros. Esta etnia realiza funerales complejos y sobretodo caros. Durante la espera, el cuerpo del difunto se envuelve con varias capas de ropa y es guardado en el “Tongkonan”, casa típica toraja, algo muy parecido a la quilla de un barco. Allí permanece el cuerpo hasta el día del entierro. Después de un suculento banquete, los hombres levantan el ataúd y marchan en procesión. A continuación llega el momento más esperado del ritual, el sacrificio de los búfalos. Más rico el difunto más búfalos sacrificados. Finalmente, se deja el cuerpo del fallecido de pie a la intemperie durante varios días, en los que se realiza un ritual de magia negra. El ritual tenía la intención de despertar  al cuerpo y que este se dirigiera solo a la tumba.

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4. Si quiere mantener algún dedo cuida muy bien a los tuyos

La etnia dani, a veces conocida como ndani, es una tribu del oeste de Nueva Guinea en la provincia de Papúa. Se trata de una de las etnias más visitadas y populares entre los turistas que visitan el valle de Baliem.

Las mujeres y niños cortan sus propios dedos cuando algún familiar traspasa. Se trata de una muestra de gratitud y una forma de expresar su pena con el dolor. Hay que destacar que esta práctica fue prohibida hace años sin embargo aún quedan personas de la etnia con secuelas de cuando eran niños. Ya sabéis si viajáis por Guinea no dejéis de visitar a los buenos de los dani.

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3. Una vez muerto tu cráneo puede ser de gran utilidad

Los Aghori , son una secta hindú devotos del dios hindú Shiva en su forma de Señor Bhairava. Son conocidos por el hecho de que practica el necro-canibalismo, es decir, que se comen la carne de las personas muertas. Por este hecho han sido expulsados del Hinduismo.

Sin embargo en las zonas rurales son reverenciados, ya que se cree que pueden curar enfermedades gracias a sus prácticas religiosas. Sea como fuere, en el ritual de la muerte engullen los cadáveres que no han sido incinerados en el río Ganges. Una vez en el río y ataviados con algunas vestimentas del difunto proceden a  beberse el agua del río usando los cráneos como vaso, ya que creen que otorga poderes físicos y mentales superiores. En fin, ¡prefiero las castañas y los moniatos!

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2. Si tienes miedo a las alturas no mueras en Asia

Es muy popular en la China, Filipinas y zonas de Indonesia que cuelguen los ataúdes de los difuntos en los acantilados. Se trata de una antigua tradición funeraria que aún realizan grupos minoritarios especialmente en el sur de China.

Los ataúdes son de infinitas formas y modelos realizados con maderas de la zona. Son colgados mediante unas vigas que sobresalen de los acantilados, en rocas o colocados en cuevas. Esta práctica se realizaba ya que se cree que los ataúdes colgados de los acantilados podían prevenir a los cuerpos de ser tomados por las bestias y porque podrían bendecir el alma eternamente.

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1. ¡Vamos al entierro que comeremos de gorra!

En África, la culpa de la muerte de una persona siempre es de otro ser humano que, intencionadamente o no, le habría hecho un sortilegio al difunto.  Sin embargo,  durante el ritual de la muerte intentan mantener al cadáver de pie, con el objetivo de restablecer el orden natural de las cosas y evitar la venganza o el castigo infringido al grupo.

El funeral comienza por la consulta, en áfrica no tienen miedo a las preguntas, al fallecido ¿quién te mató?, ¿desobedeciste a los dioses?, ¿transgrediste una norma?, ¿es un hombre quien te mató?… El cadáver contesta afirmativamente adelantándose, y retrocede para decir no. A veces, incluso, es paseado por los campos mientras es cuestionado. Las oraciones, cantos y bailes sirven para apaciguar a los ancestros y frenar el afán de venganza de los espíritus. Para conservar el cadáver utilizan una la técnicas de la disección mientras se les ofrece al cadáver pollos, ovejas y cabras que servirán de alimento para los allí presentes.

Davi Yanomami with Yanomami children,  Brazil

10+1. ¡No seas cenizo!

En el Amazonas existe una tribu, los Yanomamo o yanomami, indígenas americanos divididos en tres grupos. Aunque hablan lenguas diferentes, se entienden muy bien. Según varios investigadores los yanomamos son el resultado de la fusión de diferentes etnias de orígenes heterogéneos. Sea como fuere una de las costumbres más curiosas y primitivas de esta etnia es su ceremonia funeraria.

Practican el canibalismo endogámico como ritual sagrado, que viene a ser la ingesta de las cenizas de los huesos del difunto. Los yanomamos creen que en los huesos reside la energía vital de la persona fallecida y que al ingerirlos la reintegran al grupo familiar.

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