10+1 mejores álbums dobles

6456452847_a55c041d8d_zSí, amigos lectores, después de haberles propuesto una lista de canciones de más de 20 minutos hoy nos decantamos por el equivalente de esa lista en discos. El hecho de sacar un disco doble denota siempre una cierta arrogancia que me parece irresistible, el ir tan sobrado de canciones que uno se saca de la manga un disco doble para desbordar a los fans con tanta nueva música. Por ello les proponemos hacer un repaso a los que un servidor considera los 10+1 mejores discos dobles de la historia.

Una pequeña nota, no he incluido en la lista discos en directo ni recopilaciones (eso es trampa) y he procurado escoger álbums que sigan siendo dobles en CD. Como ya sabrán, los vinilos tenían menor duración que un CD (unos 50 minutos respecto a los 80 del CD) y por ello hay muchos discos que eran dobles en la era del vinilo y pasaron a ser simples en la del CD. Para hacer más cerrada la lista y como ahora vivimos en la era digital no he tenido en cuenta discos que eran dobles sólo en su versión en vinilo, por tanto son todo álbums que pasan de la hora y cuarto de duración.

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10) The Beatles – White Album (1968)

En 1968 los Beatles estaban casi más separados que otra cosa aunque aún publicarían un par de discos más como banda. Y si hay un disco que muestra mejor que cualquier otro las tensiones que se vivían en el seno de la banda es su famoso disco homónimo también conocido como White Album, en que prácticamente trabajaron por separado preocupándose cada uno por sus propias composiciones.

De esta forma, el White Album acaba siendo una especie de cajón de sastre heterogéneo y algo caótico en que conviven las diferentes inquietudes de cada miembro de la banda: desde el rock ‘n’ roll más básico de McCartney en “Back in the USSR” y “Helter Skelter” a la querencia de John por el blues-rock (“Yer Blues”) y la música vanguardista influenciado por cierta novia oriental (“Revolution Nº 9”), así como el tratamiento de temas más personales como la muerte de su madre (la bonita balada “Julia”). Mientras tanto, George Harrison colaba un tema grabado junto a su amigo Eric Clapton (“While my Guitar Gently Weeps”) y… ¡hasta Ringo Starr se atrevía a componer algún que otro tema!

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9) Frank Zappa- Joe’s Garage (1979)

Frank Zappa es uno de esos músicos cuya carrera es casi imposible de abarcar por su abrumadora extensión (en vida publicó 62 discos, repito, 62) pero también porque sus inquietudes musicales eran tan amplias que de un álbum a otro podía cambiar por completo de estilo… qué digo, ¡en un mismo álbum! Es uno de esos casos de personas con una enorme creatividad e inteligencia que, junto a una devoción absoluta por su trabajo de músico, le llevaron a no parar quieto en los años en que estuvo en activo, tocando estilos tan dispares como pop, jazz-rock, doo-wop, música clásica, experimental y un interminable etcétera.

El álbum que nos ocupa se mueve en su línea habitual, es decir, dos horas de Zappa tocando todo tipo de estilos musicales diferentes, con muchas críticas al gobierno y el sistema, humor más o menos afortunado que va de puyas a respetables organizaciones como la Iglesia (“Catholic Girls”) a bufonadas escatológicas (“Why Does It Hurt When I Pee?”). También hay momentos más accesibles para el no iniciado en el mundo de Zappa, como la que muchos consideran una de sus mayores creaciones: “Watermelon in Easter Hay”, uno de los solos de guitarra más hermosos que he oído, que sirve para demostrar lo infravalorado que estaba como guitarrista y que, si hubiera querido ser un músico convencional, hubiera podido hacer grandes cosas más del gusto del gran público. Lo que sucede es que obviamente no quiso y siempre se mantuvo fiel a su espíritu, y es por eso que sus fans le aprecian tanto.

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8) Smashing Pumpkins – Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995)

Billy Corgan, el líder de los Smashing Pumpkins, no se andaba con rodeos. Después de que su banda alcanzara el éxito en 1993 con Siamese Dream, uno de los discos esenciales del rock alternativo de los 90, decidió lanzarse con un ambicioso y megalómano álbum doble: Mellon Collie and the Infinite Sadness. Y de hecho viendo como su carrera luego se acabó desinflando unos cuantos años después, uno no puede evitar pensar si no habría sido mejor idea guardarse algunas de todas estas canciones para futuros álbums. Pero ¿quién soy yo para decirle a Billy Corgan qué ha de hacer?

Además, como dije me gusta ese deje de arrogancia que supone lanzar al mercado todos los temas que le salieron en esa arrebato de inspiración, entre los cuales hay un buen número de clásicos del grupo (“Tonight, Tonight”, “Zero”, “Bullet with Butterfly Wings”, “1979”…) y algunos menos conocidos igualmente memorables (“Porcelina of the Vast Oceans”).

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7) Godspeed You! Black Emperor – Lift Your Skinny Fists Like Antennas to Heaven (2000)

Ya les hablamos de los amigos Godspeed You! Black Emperor en el post ya mencionado de canciones de 20 minutos, y de nuevo he de volver a recurrir a ellos para citar su maravilloso disco doble Lift Your Skinny Fists Like Antennas to Heaven, el mejor álbum doble que he oído perteneciente a estos últimos años.

Se trata ni más ni menos que de una de las obras cumbre del post-rock, un álbum totalmente instrumental formado por solo cuatro extensas composiciones basadas en atmósferas que van desde los momentos más intimistas a otros que descargan energía como tormentas. Una auténtica maravilla.

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6) George Harrison – All Things Must Pass (1970)

El primer disco que sacó George Harrison en solitario después de la separación de los Beatles es una de mis historias favoritas relacionadas con los cuatro de Liverpool. Básicamente, Harrison había sido siempre un compositor en la sombra, aportando un par de temas en cada disco de los Beatles mientras Lennon y McCartney tenían la supremacía al ser los líderes del grupo. Y de repente, cuando la banda se separa y todos se centran en sus carreras de solitario, ese guitarrista tímido que siempre había estado en un segundo término respecto a sus dos compañeros se saca de la manga un disco triple. TRIPLE. No sólo eso, sino que además era un disco buenísimo – a mí personalmente me gusta más que cualquiera de los Beatles, pero debo confesar que tampoco soy un gran fan suyo.

Mientras todo el mundo estaba pendiente sobre todo de la música que facturarían Lennon y Macca por su cuenta, de repente este tipo se había sacado un disco lleno de grandes canciones y con un montón de invitados de lujo. ¡Sorpresa! Es cierto que el tercer disco en realidad era un añadido extra, unas improvisaciones en estudio con todos los músicos que reclutó (incluyendo a Eric Clapton o Ringo Starr), pero aún así los otros dos discos eran de canciones de muy alto nivel.
En CD el triple disco se quedó “sólo” en un disco doble, pero aún así es uno de los discos más largos de esta lista.

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5) The Who – Quadrophenia (1973)

Los Who fueron la banda que popularizó (que no inventó) el concepto de “opera-rock”, que veremos que se repite un par de veces en este listado. Es decir, discos que explicaban una historia. Su primera experiencia completa en ese sentido fue Tommy (1969), el álbum que los consagró del todo, pero años después decidieron repetir la jugada con una nueva opera-rock aún más larga (Tommy fue doble vinilo pero en CD se convirtió en un disco simple) y con un contenido más serio, que tomaba de protagonista a un conflictivo adolescente.

Para muchos entre los que me incluyo se trata de la obra cumbre del grupo. En todo caso es innegable que jamás pudieron volver a igualar un disco así y que se trata de una de esas obras que todo interesado en el rock debe oír antes o después.

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4) Miles Davis – Bitches Brew (1970)

Hay discos tan revolucionarios que incluso hoy día, cuando su importancia ha quedado más que reafirmada, siguen provocando discusiones y generando sentimientos de amor/odio. Es lo que sucede con Bitches Brew de Miles Davis, una obra esencial en la historia del jazz pero que muchos fans del género no soportan, y con razón. En este disco el genial trompetista llevó a otro nivel las experimentaciones que estaba llevando a cabo en esa época añadiendo instrumentos eléctricos como el piano y la guitarra eléctrica a un género que en principio no los aceptaba.

Pero no sólo eso, también desgranó las clásicas improvisaciones de jazz haciéndolas aún más libres e introduciendo influencias de otros tipos de música creando una amalgama que se suele encasillar con el cajón de sastre de jazz fusion. El disco puede costar de escuchar por lo largas y libres que son sus composiciones, pero aún así en su época fue todo un éxito de ventas (en los 60 y 70 todo era posible, amigos) y hoy día se ha erigido como una obra cumbre de la música popular del siglo pasado.

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3) Genesis – The Lamb Lies Down on Broadway (1974)

Hace mucho mucho tiempo, cuando uno hablaba de música y evocaba la palabra “Genesis” lo que le venía a la cabeza no era el maldito Phil Collins cantando temas de olvidable pop ochentero, sino una de las principales bandas de rock progresivo de los 70 en la que Phil simplemente tocaba la batería y la parte vocal quedaba en manos de Peter Gabriel. El último disco que grabaría la banda antes de que Gabriel iniciara una carrera en solitario fue este álbum doble en que se narraba en forma de opera-rock la historia de un chico neoyorkino llamado Rael.

A decir verdad, algunos miembros del grupo no quedaron muy contentos con el resultado final y la gira fue un poco extraña, ya que en ella interpretaban el disco íntegramente cuando aún no había salido a la venta (es decir, la gente asistía a un show de hora y media con música que no había oído antes). No obstante, el tiempo lo ha colocado como un clásico del género y uno de las mejores obras del rock progresivo.

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2) Todd Rundgren – Something/Anything (1972)

Muy probablemente la mayoría de ustedes no sepan quién rayos es Todd Rundgren, y aunque en EEUU es mucho más conocido que en el viejo continente, ciertamente es una pena que un músico de su talla haya quedado sepultado en el olvido. A principios de los 70, Rundgren destacó como un compositor de pop-rock con una enorme facilidad para crear canciones y una profunda inquietud artística que rallaba la hiperactividad. No sólo grababa discos propios, sino que era tan bueno como productor que otras bandas requerían sus servicios para que grabara sus discos y gracias a él algunas consiguieron algunos de los mayores éxitos de su carrera (es el caso de la banda favorita de Homer Simpson, Grand Funk Railroad y su We’re an American Band o de Meat Loaf y su Bat Out of Hell).

Volviendo al bueno de Todd, Something/Anything fue el gran éxito comercial de su carrera además de un tour de force en toda regla: no solo produce todo el disco y compone prácticamente todas las canciones, sino que canta e interpreta todos los instrumentos en tres cuartas partes del disco. Un “do it yourself” en toda regla.

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1) Led Zeppelin – Physical Graffiti (1975)

Una de las pruebas de que Led Zeppelin eran una de las mayores bandas de rock del mundo es que a mediados de los 70 decidieran sacar un disco doble formado en gran parte por descartes de otros álbums anteriores y que siga siendo una obra magnífica. Efectivamente, la idea de Physical Graffiti era combinar temas nuevos (de los que destacaba con luz propia la épica “Kashmir”) junto a otros que se compusieron años atrás y no habían visto la luz, pero que son tan buenos que cuesta creer que los hubieran rechazado.

De esta forma, Led Zeppelin encumbraron la época cumbre de su carrera con un disco que fue un nuevo éxito de ventas y que demostraba que durante unos años casi todo lo que componían era de calidad. Justo después de este disco, la banda sufrió un bajón a causa de una serie de desgracias personales y estuvieron inactivos unos años. Para cuando volvieron, los años en que podían sacar discos dobles sin apenas relleno ya parecían un tanto lejanos…

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+1) Pink Floyd – The Wall (1979)

The Wall es sin ningún lugar a dudas uno de los discos dobles más míticos de la historia del rock. Se trata de una de las obras cumbre de Pink Floyd y su último gran disco, una opera-rock (¡otra!) en que el bajista del grupo, Roger Waters, se explaya durante dos discos sobre una estrella de rock llamada Pink y todos los demonios internos que le acechan y le llevan a construir un muro apartado del mundo.

¿Autoindulgente? Sí. ¿Algo excesivo? También. Pero aún así una de las grandes obras maestras del rock, que incluye un clásico popular ineludible como “Another Brick in the Wall (Part 2)” y algunas de las mejores canciones del grupo como “In the Flesh?” o “Comfortably Numb”. Al disco le siguió un mastodóntico mini-tour en que se construía un muro real entre el público y el escenario y que resultaba tan costoso que el grupo perdió dinero en la gira. Más tarde vino la película y, décadas después, otra gira de Roger Waters en solitario donde repetía la experiencia pero de una forma que económicamente le saliera rentable.

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