Las 10+1 mejores películas estrenadas en España durante 2014

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Cinematográficamente hablando, 2014 no ha sido un mal año. Como mínimo los hemos visto mucho peores. De hecho, se han estrenado un buen puñado de buenas películas, algunas de ellas incluso brillantes. Parece claro que, a pesar de todas las dificultades, el séptimo arte sigue tratando de mantener la tensión creativa.

Partiendo de esa base, y con el único criterio de las fobias y filias del humilde bloguero que escribe, aquí tenéis una selección (absolutamente subjetiva, por supuesto) de las mejores películas estrenadas durante el año que acabamos de cerrar.

Algunos encontraréis este listado absurdo. Otros pensaréis que hay omisiones flagrantes. Es posible que incluso haya lectores que crean que no he visto ni una sola de estas películas, y que en realidad mi favorita es Locas Aventuras Superdivertidas III, pero que me autocensuro por puro postureo. Quién sabe, puede que todos tengáis razón.

10) La isla mínima (España), Alberto Rodríguez.

El cine made in Spain puede estar contento del resultado del 2014. A los exitazos tipo Torrente V y Ocho apellidos vascos, hay que sumar estrenos mucho más arriesgados y complejos que también parecen haber funcionado razonablemente bien en taquilla. La isla mínima es uno de ellos. Se trata de una síntesis del mejor cine negro europeo mezclado con una sensacional fotografía que recuerda al estilo de la serie de la HBO True Detective. El paisaje exterior, con unos tristes ocasos en las marismas del Guadalquivir, se funde con el desencanto y la frustración que habitan el paisaje interior de los personajes. En este sentido, las interpretaciones de Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez se alzan como uno de los aspectos más brillantes de una película sin concesiones a la galería, en que cada resorte estilístico cumple una función narrativa y expresiva. Una historia sencilla explicada de manera brillante, con movimientos inteligentes de la cámara para subrayar las inquietudes y los pensamientos de los protagonistas. Al salir del cine, se escuchó a más de un espectador diciendo “parece mentira que sea una peli española”.

9) El Gran Hotel Budapest (Estados Unidos), Wes Anderson.

El gran ídolo de los modernos, Wes Anderson, lleva años ensayando su película perfecta. No siempre le ha salido bien el experimento. Su cine a veces resulta demasiado formulista y estéticamente reiterativo. O lo que es lo mismo, bastan un par de minutos de planos simétricamente perfectos, el habitual derroche visual y los obligados personajes excéntricos para que, sin más datos, sepamos de manera inequívoca que estamos viendo un nuevo trabajo del realizar tejano. A pesar de todo, con esta historia sobre un legendario conserje de un famoso hotel europeo durante el periodo de entreguerras, Anderson lo ha clavado. El guión, que en su cine a veces languidece hasta reducir la historia a una relación de gags y situaciones más o menos afortunadas, en esta ocasión es uno de los aspectos más trabajados del conjunto. Con el encanto visual de una moderna fábula, y un reparto espectacular (acompañando al protagonista, Raph Fiennes, aparecen rostros como los de Harvey Keitel, Jude Law, Murray Abraham, Adrien Brody o Saorise Ronan), El Gran Hotel Budapest es, sin duda, una pequeña joya.

8) Oslo, 31 de agosto (Noruega), Joachim Trier

Seamos claros, si lo que se busca es hora y media de sencilla evasión, esta no es la película adecuada. Si el objetivo es reforzar la fe en el espíritu de superación humano, tampoco se acertará escogiendo este film. La obra del director noruego Joachim Trier (que ha llegado a España con casi tres años de retraso respecto a la fecha de estreno en su país) es desolador y pesimista. Pero precisamente por ello resulta apasionante. Trier adapta muy libremente la obra El fuego Fatuo del escritor francés La Rochelle. El relato, por cierto, ya había sido llevado al cine en la década de los 60’ por el mítico realizador Louis Malle. La versión de Trier muestra un día concreto en la vida de Ander, un joven con problemas de adaptación que acaba de salir de una clínica de desintoxicación. El protagonista vuelve a su ciudad, Oslo, para reencontrarse con viejos amigos y familiares, y, especialmente, hallar (ahí es nada…) un sentido a su vacía existencia. La película intenta trasladar al espectador la soledad y la angustia del que es incapaz de dotar de significado al mundo. Y ese duro ejercicio de sacarnos de nuestra zona de confort se logra sin que el film tenga que recurrir a ponerse excesivamente dramático o metafísico en ningún momento. Para amantes del cine de autor sin temor a una depresión profunda tras su visionado.

7) El Congreso (Israel), Ari Folman

Robin Wright interpreta a Robin Wright. El mundo real se deforma hasta convertirse en una versión estrambótica y lisérgica de sí mismo. Actores reducidos a su representación digital. El vacío de la industria cultural. El peligro de los paraísos artificiales. Y la tentación del totalitarismo. Todos estos elementos forman parte de una película de difícil explicación pero que es capaz de hipnotizar al espectador más remiso. Ari Folman consigue un film extraño y excesivo que mezcla la animación con la imagen real, la lógica con lo surreal, y que incluye secuencias profundamente bellas y reflexiones aterradoramente conmovedoras. Un peliculón, vaya.

6) Ida (Polonia), Pawel Pawlikowski

Una de las grandes triunfadoras de los últimos premios del cine europeo, Ida, nos traslada a la Polonia de los 60’, justo en el momento en que una joven novicia recibe una noticia que conseguirá que los valores sobre los que había construido su existencia hasta aquel momento se tambaleen. Ella es en realidad hija de una familia judía que despareció durante la segunda guerra mundial. Rodada en blanco y negro, y con muy pocas florituras, la película se sostiene sobre todo gracias a un tratamiento visual sobrio y conciso, y con un uso inhabitualmente hábil de los encuadres de la cámara. Una especie de road movie con carácter espiritual.

5) A propósito de Llewyn Davis (Estados Unidos), Joel y Ethan Coen

Siento debilidad por los hermanos Coen. En especial me fascina esa infinita capacidad que tienen para construir personajes desmesurados y excéntricos (desde el bocazas interpretado por Steve Buscemi en Muerte entre las flores, al simpático perdedor de el Nota, encarnado por Jeff Bridges en El gran Lewoski), y, precisamente, A propósito de Lewyn Davis deja tras de sí un buen número de personajes inolvidables. La película, además, se convierte en una radiografía total de lo que significa ser un perdedor con todas las letras. Un pobre cantautor folk que trata de triunfar a principios de los 60′ en una ciudad de Nueva York que lo vapulea una y otra vez. Una comedia, sí, pero con tendencias depresivas innegables. Diálogos entre lo sublime y lo peripatético, secundarios que se comen ellos solos las escenas, en fin, una de las películas más interesantes del año.

4) Dos días, una noche (Bélgica), Jean-Pierre y Luc Dardenne

Con el peculiar estilo de los hermanos Dardenne, cámara en mano y siguiendo muy de cerca a los protagonistas, esta película se esmera en diseccionar el alcance de una crisis económica que se ha llevado por delante las vidas de millones de familias. Marion Cotillard da vida al personaje central del film, quien, durante el periodo de tiempo que señala el título, se dedica a visitar casa por casa a sus compañeros de trabajo para tratar de convencerles de que rechacen la paga extra para permitir que ella conserve su empleo, condición que había impuesto la dirección de la empresa para no despedir a la trabajadora. Cotillard construye un personaje intensamente real, que cae una y otra vez en el desánimo pero que, a pesar de todo, decide proseguir con su lucha por mantener su puesto de trabajo. No hay regodeo de ningún tipo en el dramatismo de la situación. Tampoco se tiende a un excesivo maniqueísmo a la hora de exponer los hechos. Cada personaje que aparece en la película tiene sus razones, y los directores no utilizan la cámara para juzgar o condenar a nadie. El resultado es simplemente redondo.

3) Magical Girl (España), Carlos Vermut

Hace apenas tres años, Carlos Vermut se pasaba del mundo del cómic al del largometraje con una peli que se estrenó directamente en internet, Diamond Flash. Podrían decirse muchas cosas de esa primera película de Vermut, pero el resumen debería ser, simple y llanamente, que se trataba de un film raro de narices. Ya en el 2014, el director madrileño recoge algunas de las ideas y estilos apuntados en su ópera prima puliendo muchos detalles hasta lograr una película que conserva el espíritu transgresor de su propuesta inicial pero que acaba siendo un trabajo mucho más coherente y consistente (Concha de plata a la mejor película y al mejor director en el Festival de San Sebastián incluidas). El argumento no deja de ser, a pesar de todo, bastante retorcido y abigarrado. Un abnegado padre al cuidado de su hija enferma, que desea hacerle un regalo muy especial y muy costoso, se ve inmerso en una trama de chantaje a una mujer con tendencias depresivas y masoquistas, y que acabará arrastrando en su deriva a un pobre profesor de primaria obsesionado con ella. Con un tono kitch, una elegante manera de describir en imágenes los sutiles vaivenes emocionales de los personajes, y una trama que se va desplegando poco a poco ante el espectador, Magical Girl es una rara avis en la cinematografía española. Sí, todo muy raro pero cool hasta decir basta.

2) El lobo de Wall Street (Estados Unidos), Martin Scorsese

El lobo de Wall Street es un exceso en toda regla. La historia real del especulador bursátil Jordan Belfort, interpretado por un inconmensurable Leonardo DiCaprio, es la excusa perfecta para que el gran Martin Scorsese haga una película en la que el protagonista, en realidad, es el dinero. El dios Dólar campa a sus anchas a lo largo de las casi 3 horas de metraje del film, mostrando situaciones absurdas y desmedidas provocadas por la codicia y la sensación de poder absoluto que invaden al protagonista. Visualmente abrumadora, la película trata de vencer la resistencia del espectador casi por acumulación. No obstante, y de manera milagrosa, este ritmo de vértigo funciona a la perfección, dejando al espectador exhausto al final de la proyección, pero consciente de que acaba de asistir a una lección magistral de cine.

1) El Pasado (Francia), Asghar Farhadi

Tras cuatro años de separación, Ahmad vuela desde Teherán a París para reencontrarse con su mujer y firmar los papeles del divorcio definitivo. Su esposa, Marie, ha iniciado una nueva relación, y desea pasar página cuanto antes. Los hijos de ella, fruto de un matrimonio anterior a su vida con Ahmad, no ven con muy buenos ojos los planes de su madre. Por su parte, la nueva pareja de Marie vive atrapado por el sentimiento de culpa, también él quiere dejar atrás su vida anterior. Estos son los mimbres sobre los que el iraní Asghar Farhadi hilvana una historia que gira en torno al sentimiento de culpa, al perdón y  al peso de nuestras decisiones. Un film cuidadosamente planeado y ejecutado, que presta especial atención a los detalles y a los pequeños gestos. Excepcional.

10+1) Locke (Reino Unido), Steven Knight

 ¿Puede una película que se desarrolla únicamente en el interior de un coche que avanza por una autopista no ser cargante hasta el extremo? No, no puede. Al menos a priori. Entonces, ¿cómo se lo ha montado el cineasta Steven Knight para contar una historia de esta manera y que al espectador no le entren ganas de arrancarse, uno a uno, todos los pelillos del brazo viendo el film? Difícil de responder. Puede que la actuación de Tom Hardy, el prota, sea tan completa que se te olvide que sólo es un tío hablando, a ratos consigo mismo en el coche, a ratos por teléfono con la familia y compañeros de trabajo. Puede que los soliloquios del único actor que vemos en pantalla durante 90 minutos sean tan intensos que perdamos de vista la falta de interlocutores de carne y hueso junto a él. A lo mejor, las profundas reflexiones sobre el destino, la redención y la culpa, o la voluntad, que se plantean en la película sirvan por si solas para activar el interés por la historia. En cualquier caso, si un film que consta exclusivamente de estos elementos me deja tan impactado, no situarla en la primera posición del listado sería una falta inexcusable.

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